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lunes, 1 de julio de 2013

Taller de Escritura #1: Of Monsters and Men - Little Talks


En un momento de profunda locura decidí apuntarme al Taller de Escritura que organiza Leara en su blog (beliterature.blogspot.com.es). Y digo de locura, porque fue un arrebato totalmente. 

Este taller es muy simple, en tan sólo 1 hora se debe escribir un relato basado en una inspiración como puede ser una frase, canción o fotografía. Se harán dos relatos al mes y se publicaran el día 1 y 15.

Para el primer relato, Leara eligió dos inspiraciones:






A mí personalmente, la fotografía no me decía absolutamente nada, así que elegí la canción. Y aquí tenemos lo que mi cabecita considera que es un relato inspirado de esta preciosa canción. Soy una absoluta aficionada, pero espero de todo corazón que lo disfrutéis y me deis vuestra más sincera opinión.


Un paraíso de palabras


Cada día de mi corta existencia había sentido que algo no encajaba, o más bien que algo faltaba en el camino que había construido minuciosamente. Esa chispa de luz que puedes ver en la mirada de las personas felices o esa sonrisa idiota que ves en la boca de los enamorados.

No podéis imaginar mi sorpresa cuando me encontré riendo a carcajadas delante de un desconocido, que poco a poco se metería bajo mi piel.

Así, como todas las cosas importantes de la vida, nos conocimos, un encuentro afortunado entre dos desafortunados que buscaban su propia estrella. Había conocido al creador y fabricante de mis sonrisas, pero en ese momento ni él ni yo éramos conscientes de lo que nos esperaba.

Fugazmente nos acercamos, no podíamos separarnos, más bien no podíamos dejar de hablar, sin ningún silencio incomodo en medio. Hablábamos como se comunican los niños, de cosas insignificantes repletas de significados, dónde nuestras miradas y palabras parecían esconder el mayor de los secretos.

Creamos nuestro propio mundo, una roca dónde nos agarrábamos para no caer, un lugar al que huíamos cuando todo lo demás se derrumbaba. Nuestro pequeño paraíso repleto de palabras al amparo de la melodía que producían nuestros labios.

Si me sentía asustada, triste, abrumada, confundida o desesperada, él era capaz de serenarme únicamente con el ritmo de sus labios contra los míos. Un beso que escondía la razón de nuestra existencia. Mientras él era un artista de las palabras, yo era meramente una aficionada.

Sin embargo el final se acercaba, del mismo modo que nos conocimos, nos estábamos separando. No era culpa de nadie, solamente las circunstancias que unieron nuestras vidas, pararían separarse. Primero surgieron los silencios, mientras nuestros ojos se negaban a encontrarse para no ver lo que significaban esas pausas: el fin de nuestro paraíso. 

Cada vez estábamos más lejos. Los silencios se convirtieron en gritos y nuestro paraíso explotó.

O eso creía yo, hasta que fui consciente que estaba equivocada, mis pensamientos intentaban engañarme y estaba confundida. Había olvidado la sensación de estar segura, me había dejado llevar por el miedo y no me había expresado con palabras. Todo había ocurrido dentro de mi cabeza. Yo era la aficionada en nuestro mundo de palabras y había sucumbido en mi propia ignorancia. Recogí poco a poco los pedazos y con palabras sinceras, haciendo caso omiso a los silencios y gritos, reconstruí nuestro lugar secreto y juntos volvimos a llenarlo de pequeñas sonrisas.