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jueves, 30 de mayo de 2013

Quote-Book: El Padrino de Mario Puzo

Si hay un libro que realmente idolatre mi compañera de blog es claramente El Padrino de Mario Puzo. Me atrevería a decir que es su libro favorito y no la culpo porque a mi también me enamoró hace tiempo la escritura del autor.  Por ello, espero que disfrutéis como nosotras estos maravillosos fragmentos.



Todo es personal, incluso el más simple y menos importante de los negocios. En la vida de un hombre todo es personal. Hasta eso que llaman negocios es personal. ¿Sabes quién me enseñó eso? El Don. Mi padre. El Padrino. Si alguien perjudica a un amigo suyo, el Don lo toma como una ofensa personal. […] Es ahí donde reside su grandeza. El Gran Don. Para él todo es personal. Lo mismo que hace Dios. Sabe todo lo que sucede, es dueño de las circunstancias. ¿No es así? ¿Y tú? ¿Sabes algo? A las personas que consideran los accidentes como insultos personales, no les  ocurren accidentes. Me he dado cuenta tarde, pero al final lo he comprendido.


 Por aquel entonces, Vito Corleone desconocía el efecto de su sonrisa. Era ingenua a fuerza de no querer ser amenazadora. Sonría como si se tratara de una broma que sólo él era capaz de apreciar; pero como sólo lo hacía de aquella manera si se tratara de asuntos de vida o muerte, cuando nadie estaba de bromas, aquella sonrisa acabó por convertirse en algo siniestro para los demás.


Ninguno de los otros jefes habló. Algunos fumaban, otros bebían, pero todos eran hombres que sabían escuchar y que, sin excepción, se habían negado a aceptar las leyes de la sociedad; eran hombres que no dejaban dominar por nadie. Y nadie era capaz de dominarlos, a menos que ellos se lo permitiesen. Eran hombres que, para mantener su independencia, llegaban al asesinato de ser necesario. Sólo la muerte podía doblegar su voluntad. O la razón. 



miércoles, 1 de mayo de 2013

Quote-Book: Las tres caras de la luna, de Sally Gardner

                                               

Se me ocurrió entonces que el mundo estaba lleno de agujeros, agujeros por los que podías caer y nunca más ser visto. No entendía que hubiera diferencia entre desaparecer y morir. Las dos cosas me parecían lo mismo, las dos dejaban agujeros tras de sí. Agujeros en el corazón. Agujeros en la vida.


Miré el cohete de papel maché y le dije:
-Para ti no es más que un juego. No crees que exista de verdad un planeta que se llama Juniper. Crees que todo es un invento mío y...
-No, Standish, claro que creo en él. Creo que lo mejor que tenemos en la vida es la imaginación y tú de eso tienes a montones.


Pasaron las noches, los días, los días, las noches. Grises todos por igual. Era incapaz de dormir. Incapaz de comer. Nadie me preguntaba por él. No se atrevían. Habían borrado su nombre de la lista. Era un ser prescindible. Nació con esa tara. Pero ¿acaso no éramos todos prescindibles, en la Patria?


Qué queréis que os diga, nací en un mundo de pesadilla, esa es la puñetera verdad. La única vía de escape era la fantasía. En mi fantasía hay croca-colas, Cradillacs. Hay un planeta llamado Juniper, y un Hector que nos rescatará a todos.



viernes, 12 de abril de 2013

Quote-book: Bajo la misma estrella, de John Green



«Mientras leía, sentí que me enamoraba de él como cuando sientes que estás quedándote dormida: primero lentamente, y de repente de golpe.»

«El mundo no es una fábrica de conceder deseos»

«Estoy enamorado de ti, y no me apetece privarme del sencillo placer de decir la verdad. Estoy enamorado de ti y sé que el amor es solo un grito en el vacío, que es inevitable el olvido, que estamos todos condenados y que llegará el día en que todos nuestros esfuerzos volverán al polvo. Y sé que el sol engullirá la única tierra que vamos a tener, y estoy enamorado de ti. 

-Augutus –repetí 

No sabía que decir. Sentía como si todo en mí se elevara, como si me ahogara en una alegría extrañamente dolorosa, pero no pude decirle que yo también estaba enamorada de él. No pude responderle nada. Sencillamente lo miré y dejé que me mirara hasta que sacudió la cabeza, con los labios fruncidos, se giró y se apoyo contra la ventana.»


«Había dedicado buena parte de mi vida a intentar no llorar delante de las personas que me querían, así que sabía lo que estaba haciendo Augustus. Aprietas los dientes. Miras al techo. Te dices a ti misma que si te ven llorando, sufrirán, y solo serás tristeza para ellos, y te dices todo esto a ti misma mirando al techo, y luego tragas saliva, aunque la garganta no la deja pasar, y miras a la persona que te quiere y sonríes.»